Gestión de la hiperactividad: técnicas cognitivas para los estudiantes de secundaria

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La entrada al colegio es un período de grandes cambios. Es un poco como pasar de una pequeña barca en un lago tranquilo a un velero en alta mar. Las olas son más altas, los vientos más fuertes, y hay que aprender a navegar de manera diferente. Para un estudiante de secundaria que se enfrenta a la hiperactividad o a un Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), esta travesía puede parecer especialmente tumultuosa. Tu cerebro, como un motor potente, a veces puede descontrolarse, dificultando el mantenimiento del rumbo en las clases, las tareas o incluso las conversaciones con los amigos.

Lejos de ser una fatalidad o una falta de voluntad, esta efervescencia mental es una particularidad neurológica. La buena noticia es que existen herramientas para aprender a dominarla. No se trata de apagar este motor, sino de aprender a pilotarlo. Las técnicas cognitivas son como un panel de control para tu mente. Te permiten entender lo que sucede en tu interior, anticipar las curvas cerradas y utilizar tu energía de manera más enfocada. Este artículo te propone explorar juntos estas técnicas, diseñadas para ayudarte a transformar el caos en energía constructiva y navegar con más serenidad en las aguas a veces agitadas del colegio.

Antes de buscar soluciones, es esencial comprender bien lo que estás viviendo. La hiperactividad en el colegio no se reduce a la imagen de un alumno que no puede estar quieto en su silla. Es una experiencia mucho más compleja que afecta tanto al cuerpo, los pensamientos como a las emociones.

El cerebro en ebullición: ¿qué es el TDAH?

Imagina que tu cerebro es una inmensa sala de control con decenas de pantallas encendidas al mismo tiempo. Para una persona sin TDAH, es bastante fácil concentrarse en la pantalla principal, la que transmite la clase de matemáticas, por ejemplo, mientras pone las otras en espera. Para ti, es como si todas las pantallas gritaran para atraer tu atención: el ruido en el pasillo, el lápiz que acaba de caer, lo que vas a comer esta noche, esa idea genial para un videojuego... Es agotador.

El TDAH se basa en tres grandes pilares:

  1. La inatención: La dificultad para concentrarse de manera duradera en una tarea, especialmente si no es apasionante. Esto puede traducirse en olvidos frecuentes (cuadernos, tareas), una tendencia a "soñar despierto" en clase o una dificultad para seguir instrucciones largas.
  2. La hiperactividad: La necesidad constante de moverse. En el colegio, esto puede ser más discreto que en la escuela primaria. En lugar de correr por todas partes, podrías moverte en tu silla, golpear el pie, hacer clic frenéticamente con tu bolígrafo. Es una tensión interna que busca una salida.
  3. La impulsividad: La dificultad para reflexionar antes de actuar. Cortas la palabra sin querer, das una respuesta antes de que termine la pregunta, o tomas decisiones rápidas sin medir todas las consecuencias.

Es importante entender que no es una elección. Es la manera en que tu cerebro está "cableado". Las áreas del cerebro responsables de la planificación, la organización y el control de los impulsos (la corteza prefrontal) funcionan de manera un poco diferente.

Los desafíos específicos de la edad del colegio

El colegio amplifica estas dificultades. Las expectativas cambian drásticamente. Se te pide más autonomía para gestionar tus tareas, tu horario y tu material. Los días son más largos y las materias más numerosas, lo que exige pasar constantemente de un tema a otro.

Socialmente, también es un punto de inflexión. Las relaciones con los amigos se vuelven más complejas. La impulsividad puede llevar a malentendidos o conflictos. La inatención puede hacer que parezcas alguien que no se interesa por los demás, cuando tu mente simplemente se había ido a explorar otro pensamiento. El sentimiento de desajuste puede crecer y afectar tu confianza en ti mismo.

Más allá de los clichés: reconocer las señales sutiles

La hiperactividad no siempre se manifiesta de forma explosiva. A veces, es más interna. Puedes parecer tranquilo por fuera, pero por dentro, es una tormenta de pensamientos que chocan. Esta "hiperactividad mental" es igualmente agotadora.

De igual manera, la impulsividad no se limita a las palabras. Puede ser emocional. Puedes pasar de la risa a las lágrimas, o sentir una inmensa frustración ante un pequeño obstáculo. Estas emociones intensas son como olas que te abruman, y aprender a surfearlas es uno de los mayores desafíos. Reconocer estos aspectos más sutiles es el primer paso para poder actuar sobre ellos.

La caja de herramientas cognitiva: aprender a pilotar su atención

Las técnicas cognitivas no son fórmulas mágicas. Son más bien como ejercicios de musculación para tu cerebro. Al practicarlas regularmente, refuerzas los "músculos" de la atención, la concentración y el autocontrol.

La metacognición: convertirse en el director de orquesta de su propia mente

La palabra puede parecer complicada, pero la idea es simple: la metacognición es "pensar sobre la forma en que piensas". Es tomar un poco de distancia para observar lo que sucede en tu cabeza, sin juicio. Imagina que tus pensamientos son una orquesta. A veces, todos los instrumentos tocan al mismo tiempo, de manera desordenada. La metacognición eres tú, el director de orquesta, que golpeas suavemente tu batuta para pedir silencio, y luego das la señal a cada instrumento para que toque en el momento adecuado.

Ejemplo concreto: Estás haciendo un ejercicio de francés. De repente, te das cuenta de que desde hace cinco minutos, piensas en las vacaciones. En lugar de decirte "Soy un inútil, nunca lo lograré", la metacognición te invita a observar: "Vaya, mi atención se ha desviado. Es normal. Vamos, volvamos suavemente al ejercicio." Es un acto de toma de conciencia suave pero firme.

La técnica de "Stop and Think" (Detenerse y Reflexionar)

La impulsividad te empuja a reaccionar en el instante. La técnica de "Stop and Think" busca crear un pequeño espacio de tiempo entre la impulsión y la acción. Es como presionar el botón de "pausa" del control remoto.

Aquí están los pasos:

  1. Stop: Tan pronto como sientas el impulso de hacer o decir algo impulsivamente, detente físicamente. No te muevas. Toma una gran respiración.
  2. Think (Reflexionar): Hazte mentalmente algunas preguntas rápidas. "¿Cuál es la situación?", "¿Qué estoy a punto de hacer?", "¿Cuáles serían las consecuencias si lo hiciera?", "¿Hay una mejor opción?".
  3. Act (Actuar): Elige la mejor opción y actúa en consecuencia.

Ejemplo concreto: En clase de historia, el profesor hace una pregunta. Conoces la respuesta y ardes en deseos de gritarla.

  • Stop: Sientes el impulso subir. Te obligas a cerrar la boca y a tomar una respiración.
  • Think: "El profe ha hecho una pregunta. Tengo ganas de gritar la respuesta. Si lo hago, interrumpiré a todos y puede que me lo reproche. La mejor opción es levantar la mano y esperar a que me pregunte."
  • Act: Levantas la mano con calma.

Parece simple, pero al principio es un verdadero desafío. Cuanto más lo practiques, más automático se volverá este espacio de reflexión.

La auto-instrucción: hablarse para guiarse

Tu diálogo interno, esa pequeña voz en tu cabeza, puede ser tu peor enemigo ("No soy capaz") o tu mejor aliado. La auto-instrucción consiste en utilizar esta voz conscientemente para guiarte, como un entrenador personal.

Se trata de darte instrucciones claras, breves y positivas para realizar una tarea.

Ejemplo concreto: Debes comenzar una tarea de matemáticas que te parece insuperable.

  • En lugar de pensar: "Es demasiado difícil, nunca lo lograré, tengo ganas de dejarlo todo."
  • Intenta este diálogo interno: "Ok, es una gran tarea. ¿Cuál es el primer paso? Solo sacar mi cuaderno y mi libro. Puedo hacerlo. Listo, ya está. Ahora, leo la primera instrucción. Solo leerla, aún no resolverla. Ok, he leído. ¿Qué necesito para resolverla? La fórmula en el curso. Voy a buscarla."

Al descomponer la tarea y alentarte en cada micro-paso, haces que la montaña sea mucho menos intimidante.

Gestionar la impulsividad y las emociones: el termómetro interior



hyperactivity

Las emociones de una persona hiperactiva son a menudo intensas y rápidas. La frustración, la ira o la excitación pueden dispararse, como el mercurio en un termómetro expuesto al sol. Aprender a gestionar estas olas emocionales es crucial para tu bienestar y tus relaciones sociales.

Reconocer las señales antes de la explosión

Una explosión de ira o frustración nunca ocurre de la nada. Siempre hay señales de advertencia, señales que tu cuerpo te envía. Aprender a reconocerlas es como aprender a detectar las nubes negras antes de la tormenta. Te da tiempo para ponerte a cubierto.

Cierra los ojos un momento y piensa en la última vez que te sentiste muy frustrado. ¿Qué pasaba en tu cuerpo?

  • ¿Tus puños se apretaban?
  • ¿Tu mandíbula estaba tensa?
  • ¿Sentías un calor subir por tu pecho o tu cara?
  • ¿Tu respiración se volvía más rápida y corta?

Estas sensaciones son las alertas de tu "termómetro interior". La próxima vez que las sientas, sabrás que tu nivel de frustración está subiendo. Es la señal para utilizar una técnica de relajación.

La técnica de la pausa activa

Cuando sientes que la presión sube o la agitación se vuelve incontrolable, luchar contra ella suele ser contraproducente. La energía necesita salir. La pausa activa consiste en darle una salida controlada y constructiva.

Si estás en clase, no puedes levantarte y correr. Pero puedes pedir permiso para ir al baño y, en el pasillo, hacer algunos estiramientos discretos o subir y bajar las escaleras una vez. Si estás en casa haciendo tus tareas, pon un temporizador de 5 minutos. Durante esos 5 minutos, pon música y baila, haz algunas flexiones o juega con una pelota. El objetivo es gastar el exceso de energía física para que tu mente pueda luego concentrarse más calmadamente.

El diálogo interno para desactivar conflictos

La impulsividad social puede ser fuente de muchos problemas. Dices algo hiriente sin querer, interpretas mal un comentario y reaccionas al instante. Aquí también, el diálogo interno es tu mejor herramienta para desactivar la situación antes de que explote.

Ejemplo concreto: Un amigo hace una broma sobre ti que no te gusta.

  • Reacción impulsiva: "¡No es gracioso! ¡De todos modos, eres estúpido!"
  • Diálogo interno de desactivación: "Ok, eso me ha molestado. Me ha hecho enojar. Espera. ¿Realmente quería ser cruel? Se ríe, tal vez no se da cuenta. En lugar de insultarlo, voy a respirar un poco y decirle calmadamente que su broma no me gustó."
  • Acción reflexiva: "Oye, sé que no querías ser cruel, pero esa broma me dolió un poco."

Este enfoque requiere un esfuerzo considerable, pero puede salvar amistades y evitarte muchos problemas.

La organización y la planificación: construir un mapa para su trabajo

Para un cerebro que tiende a dispersarse, la organización no es natural. Las tareas no realizadas, los proyectos entregados tarde, las hojas perdidas... todo esto puede crear un círculo vicioso de estrés y malos resultados. Las técnicas de organización son como un mapa y una brújula que te ayudan a trazar un camino claro en medio de la jungla de las obligaciones escolares.

Descomponer montañas en pequeñas piedras

Ante una tarea que parece enorme, como "redactar un ensayo de 10 páginas" o "revisar para el examen de historia", el cerebro hiperactivo tiende a bloquearse. Es demasiado vago, demasiado intimidante. La solución es descomponer esta montaña en una multitud de pequeñas piedras, tareas tan pequeñas que ya no dan miedo.

Ejemplo para "revisar para el examen de historia":

  • Enumerar todos los capítulos a revisar.
  • Para el capítulo 1: releer la lección en el cuaderno.
  • Hacer una ficha de resumen para el capítulo 1.
  • Aprender las 5 fechas clave del capítulo 1.
  • Hacer los ejercicios del libro sobre el capítulo 1.
  • Pasar al capítulo 2.

Cada pequeña piedra es una acción concreta y realizable. Marcar cada tarea completada proporciona una sensación de satisfacción que te motiva a continuar.

La gestión del tiempo con métodos estructurados

"Trabajar durante una hora" puede parecer una eternidad. Es más eficaz utilizar técnicas que marquen el ritmo de tu trabajo. La más conocida es la técnica Pomodoro (tomate en italiano, en referencia a los temporizadores de cocina en forma de tomate).

El principio es simple:

  • Elige una sola tarea a realizar.
  • Configura un temporizador para 25 minutos.
  • Trabaja en esta tarea, y solo en esta, sin ninguna distracción (¡teléfono apagado!), hasta que suene el temporizador.
  • Tómate un descanso de 5 minutos (estírate, bebe un vaso de agua).
  • Después de cuatro ciclos de 25 minutos, date un descanso más largo de 15 a 30 minutos.

Estas sesiones de 25 minutos son lo suficientemente cortas para que tu cerebro se mantenga concentrado, y los descansos regulares le permiten recargarse.

La importancia de un entorno de trabajo estructurado

Tu entorno tiene un impacto enorme en tu capacidad de concentración. Si tu escritorio es un campo de batalla, tu mente también lo será. Piensa en tu espacio de trabajo como en la cabina de un avión: todo debe estar en su lugar, funcional y sin distracciones superfluas.

Antes de comenzar tus tareas, tómate 5 minutos para ordenar tu escritorio. Mantén solo lo que es necesario para la tarea en curso. Aleja tu teléfono, idealmente en otra habitación. Si el ruido te molesta, prueba con tapones para los oídos o unos auriculares con música tranquila y sin letras. Un entorno ordenado envía un mensaje claro a tu cerebro: "Aquí es el momento de concentrarse."

◆ ◆ ◆

Reforzar la confianza en uno mismo: celebrar las pequeñas victorias

Vivir con un TDAH en el colegio es una lucha diaria. Es fácil centrarse en los fracasos, los comentarios de los profesores, los olvidos. Este bombardeo de negatividad puede sacudir seriamente tu confianza en ti mismo. Por eso es fundamental trabajar activamente para reconstruirla.

El fracaso no es un final, sino una información

Una mala nota o una tarea olvidada no son la prueba de que eres "inútil". Es una información. Es un retorno que te dice lo que no ha funcionado. En lugar de dejarte abatir, adopta una postura de detective.

Pregúntate las cosas correctas: "¿Por qué obtuve esta nota? Ah, porque no había aprendido bien las definiciones. Ok, la próxima vez, ¿qué estrategia puedo usar? Podría intentar hacer fichas de memoria (flashcards)." Al transformar el fracaso en análisis, recuperas el poder. Ya no es algo que te sucede, sino algo que puedes entender y sobre lo que puedes actuar.

Llevar un diario de éxitos

Tu cerebro tiene una tendencia natural a recordar más fácilmente los eventos negativos. Debes contrarrestar conscientemente esta tendencia. Cada noche, toma un pequeño cuaderno y anota tres cosas que hayas logrado durante el día, por pequeñas que sean.

Esto podría ser:

  • "Logré levantar la mano en clase antes de hablar."
  • "Pensé en anotar todas mis tareas en mi agenda."
  • "No olvidé mi ropa de deporte."

Revisar este diario regularmente te recordará que, a pesar de las dificultades, estás progresando. Acumulas pruebas de tus capacidades, lo que alimenta tu autoestima.

El papel del apoyo: familia, profesores y amigos

No estás solo en esta aventura. Aprender a pedir ayuda y a explicar tus necesidades es una habilidad esencial. Habla con tus padres sobre lo que te resulta difícil. Explica a un profesor en quien confías que a veces tienes problemas para mantenerte concentrado y pídele si puede ayudarte (por ejemplo, colocándote en la primera fila o asegurándose de que has anotado bien las tareas). Explica a tus amigos cercanos por qué a veces los interrumpes, sin que sea contra ellos.

Rodearte de personas que entienden y apoyan tus esfuerzos es una red de seguridad indispensable. No pueden hacer el trabajo por ti, pero su amabilidad puede hacer que el camino sea mucho menos solitario y mucho más fácil.

En conclusión, gestionar tu hiperactividad es un aprendizaje, un maratón y no un sprint. Las técnicas cognitivas son tus zapatillas de correr, tu botella de agua y tu plan de ruta. Habrá días en los que te sientas cansado, en los que tropieces. Es normal. Lo importante es levantarte, recordar las herramientas que posees y dar un paso más. Cada esfuerzo, cada pequeña victoria, cada momento en que logras retomar el control de tu atención es un éxito que te construye y te acerca a la persona que deseas ser. Tu cerebro burbujeante no es tu enemigo; es un motor potente que aprendes, día tras día, a pilotar con cada vez más maestría.



En el marco de la gestión de la hiperactividad en los adolescentes, es interesante considerar enfoques complementarios que pueden enriquecer las técnicas cognitivas. Por ejemplo, el artículo sobre los signos del autismo en adultos explora aspectos que también pueden ser relevantes para entender ciertos comportamientos en los jóvenes. Aunque el artículo se centra en adultos, las estrategias de observación e intervención pueden ofrecer perspectivas útiles para educadores y padres que buscan gestionar mejor la hiperactividad y otros desafíos conductuales en los adolescentes.

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