Autismo y alimentación selectiva: cómo ampliar el repertorio alimentario | DYNSEO

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Autismo y alimentación selectiva: cómo ampliar el repertorio alimentario

Comprender las causas de la selectividad alimentaria y acompañar progresivamente a su hijo hacia una alimentación más variada

La selectividad alimentaria afecta a una gran mayoría de los niños autistas, hasta el punto de constituir una de las preocupaciones principales de los padres. Un niño que solo come algunos alimentos, que rechaza categóricamente todo lo que es nuevo, que no soporta ciertas texturas: esta situación genera preocupación por la salud del niño y estrés durante las comidas. Sin embargo, estrategias adecuadas pueden ampliar progresivamente el repertorio alimentario, respetando las particularidades sensoriales del niño.

Comprender la selectividad alimentaria

La selectividad alimentaria de los niños autistas no es un capricho, sino la consecuencia de particularidades neurológicas. Las hipersensibilidades sensoriales – táctiles, gustativas, olfativas – hacen que ciertas texturas, sabores u olores sean difíciles o incluso insoportables. La resistencia al cambio y la necesidad de previsibilidad llevan a apegarse a los alimentos conocidos y seguros. Las dificultades de motricidad oral también pueden limitar las capacidades de masticación de ciertos alimentos.

Otros factores pueden contribuir: reflujo gastroesofágico pasado o presente que asocia la alimentación con la incomodidad, dificultades de interocepción (percepción de las señales internas de hambre o saciedad), o rituales rígidos en torno a la alimentación (mismo plato, misma presentación, mismo orden). Comprender estos mecanismos evita culpar al niño o a los padres y orienta hacia soluciones adecuadas.

70%
de los niños autistas presentan una selectividad alimentaria
5x
más comportamientos alimentarios restrictivos que en la población general
15-20
alimentos en promedio aceptados frente a 60-80 habitualmente

Las manifestaciones de la selectividad

La selectividad alimentaria puede adoptar diversas formas. Algunos niños aceptan únicamente texturas específicas: lisas (purés, compotas), crujientes (papas fritas, galletas), o blandas (pan de molde, pasta demasiado cocida). Otros rechazan los alimentos mezclados y quieren los elementos separados en el plato. El color puede jugar un papel: algunos niños solo comen alimentos blancos o beige. La temperatura, el olor, la marca específica de un producto también pueden determinar la aceptación o el rechazo.

¿Cuándo consultar?

La selectividad alimentaria se vuelve preocupante cuando afecta el crecimiento del niño, provoca deficiencias nutricionales, o genera un nivel de estrés muy alto durante las comidas. En estos casos, se recomienda una consulta especializada (pediatra, logopeda especializado en oralidad, dietista). Una evaluación puede identificar las causas precisas y orientar el acompañamiento. Trastornos alimentarios pediátricos más severos (ARFID) requieren un manejo específico.

Los principios de una ampliación progresiva

No forzar

El primer principio, fundamental, es nunca forzar al niño a comer. La coerción crea asociaciones negativas con la alimentación y aumenta la resistencia. También puede provocar vómitos, comportamientos de evitación más intensos y una ansiedad generalizada en torno a las comidas. El objetivo es que el niño desarrolle una relación positiva con la comida.

Proceder por pequeños pasos

La ampliación del repertorio alimentario se realiza en pasos muy pequeños, distribuidos a lo largo de semanas o incluso meses. Antes de comer un nuevo alimento, el niño debe familiarizarse progresivamente: verlo en el entorno, olerlo, tocarlo, acercarlo a sus labios, probarlo y, finalmente, tragarlo. Cada paso se valida antes de pasar al siguiente. La paciencia es clave.

Los pasos de la exposición alimentaria

1. Tolerar la presencia: el alimento está en la mesa, lejos del plato del niño. 2. Aceptar cerca: el alimento está cerca de su plato. 3. Tocar: el niño acepta tocar el alimento con sus dedos. 4. Oler: acercar el alimento a su nariz. 5. Tocar con los labios: colocar el alimento sobre sus labios. 6. Lamer: probar con la punta de la lengua. 7. Poner en la boca: tomar un pequeño trozo en la boca. 8. Masticar y tragar: comer efectivamente el alimento.

Partir de los alimentos aceptados

Los nuevos alimentos se introducen en relación con aquellos que el niño ya acepta. Esta técnica de "encadenamiento" crea puentes entre lo conocido y lo desconocido. Por ejemplo, si el niño come pasta simple, se puede añadir progresivamente una gota de salsa, luego un poco más. Si el niño come galletas secas, se pueden ofrecer galletas de otra forma antes de pasar a otra textura.

Estrategias prácticas para las comidas

Crear un ambiente sereno

La atmósfera de la comida influye en la apertura alimentaria. Un entorno tranquilo, predecible, sin presión favorece la relajación necesaria para la exploración. Las distracciones excesivas (televisión, tabletas) pueden desconectar al niño de sus sensaciones alimentarias. Un marco regular (mismo lugar, misma hora, rituales de inicio y fin de comida) asegura al niño.

Involucrar al niño

Hacer participar al niño en la preparación de las comidas puede fomentar su interés por los alimentos. Elegir las verduras en el mercado, ayudar a lavar o cortar (según la edad), remover una preparación: estas actividades familiarizan al niño con los alimentos sin presión de consumo. El juego culinario, fuera del contexto de la comida, desmitifica la comida.

  • Mantener una atmósfera relajada y sin presión durante las comidas
  • Presentar regularmente nuevos alimentos sin obligación de probarlos
  • Ofrecer los alimentos aceptados al mismo tiempo que los nuevos
  • Felicitaciones por cada progreso, incluso mínimo
  • Involucrar al niño en la preparación de las comidas
  • Respetar las particularidades sensoriales (temperatura, textura)
  • Ser paciente: el cambio lleva tiempo
  • Mantener la constancia de los enfoques entre todos los adultos

Adaptar la presentación

La presentación de los alimentos puede facilitar o bloquear su aceptación. Algunos niños prefieren los alimentos separados en platos con compartimentos. Otros aceptan mejor pequeñas cantidades que un plato lleno. La regularidad en la presentación (mismo corte, misma disposición) tranquiliza. Por el contrario, variar ligeramente la presentación de un alimento aceptado puede ayudar a desarrollar la flexibilidad.

Gestionar los aspectos sensoriales

Identificar el perfil sensorial

Comprender el perfil sensorial del niño orienta las elecciones alimentarias. Un niño hipersensible al tacto puede preferir texturas lisas o crujientes nítidas, evitando lo viscoso o granulado. Un hipersensible gustativo reaccionará intensamente a los sabores fuertes. Identificar estas preferencias permite ofrecer alimentos más propensos a ser aceptados como primeros puentes hacia la diversificación.

Trabajar la sensorialidad fuera de las comidas

Actividades sensoriales en torno a la comida, fuera del contexto de la comida, pueden ayudar a familiarizarse con las texturas y sensaciones. Jugar con plastilina, manipular materiales variados, hacer actividades de juego con las manos prepara el sistema sensorial. Estas exposiciones no alimentarias reducen la reactividad sensorial general y facilitan luego la exploración alimentaria.

"Durante años, nuestro hijo solo comía cinco alimentos. Las comidas eran una pesadilla. Con la ayuda de una logopeda especializada y mucha paciencia, hemos ampliado progresivamente su repertorio. Hoy, acepta una veintena de alimentos. No es mucho, pero las comidas se han convertido en momentos pacíficos. Y sigue progresando."

— Padres de un niño autista de 9 años

Asegurar el equilibrio nutricional

Hacer con las limitaciones

Mientras se amplía el repertorio, es necesario asegurar lo mejor posible el equilibrio nutricional con los alimentos aceptados. Un dietista puede ayudar a optimizar los aportes con una selección restringida de alimentos. Suplementos vitamínicos pueden compensar ciertas deficiencias, bajo prescripción médica. El objetivo es mantener el crecimiento y la salud del niño sin añadir presión a las comidas.

Evitar trampas

Algunas estrategias son contraproducentes: esconder verduras en otros alimentos puede destruir la confianza si el niño se da cuenta; negociar ("si comes tus verduras, tendrás un postre") crea una jerarquía que devalúa los alimentos "que hay que comer para obtener"; comparar con otros niños humilla y aumenta la resistencia. La paciencia y la positividad son los mejores aliados.

💡 Recursos para profundizar

La guía DYNSEO para acompañar a los niños autistas propone numerosas estrategias para la vida cotidiana, incluyendo en torno a la alimentación. Para las familias de adolescentes o adultos, la guía para acompañar a adultos autistas aborda las especificidades de la alimentación en edades más avanzadas.

Conclusión: paciencia y benevolencia

La selectividad alimentaria de los niños autistas es un desafío que requiere mucha paciencia y perseverancia. Los progresos son a menudo lentos, pero son posibles. Al comprender las causas sensoriales y conductuales, respetar el ritmo del niño y crear un ambiente positivo en torno a las comidas, se puede ampliar progresivamente el repertorio alimentario.

El acompañamiento por profesionales especializados (logopeda en oralidad, dietista, terapeuta ocupacional) puede ser valioso, especialmente en los casos más severos. La coherencia de los enfoques entre todos los adultos que acompañan al niño (padres, abuelos, escuela, profesionales) refuerza la eficacia de las estrategias.

Más allá de la ampliación del repertorio, el objetivo es que las comidas se conviertan en momentos agradables y no en fuentes de estrés. Una relación tranquila con la comida es el mejor terreno para una apertura alimentaria futura. Celebre cada pequeño progreso y mantenga la confianza en el potencial de evolución de su hijo.

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