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Formación en el enfoque sensorial en instituciones para personas autistas

Comprender y acompañar las particularidades sensoriales para mejorar la calidad de vida de los residentes autistas en el establecimiento

Las particularidades sensoriales constituyen una de las características más importantes y menos comprendidas del autismo. Hipersensibilidad a los sonidos, intolerancia a ciertas texturas, búsqueda de estímulos visuales: estas especificidades afectan profundamente la vida cotidiana de las personas autistas. En instituciones, donde el entorno es compartido y las estimulaciones son múltiples, tener en cuenta estas particularidades es crucial. Formar a los equipos en el enfoque sensorial permite mejorar considerablemente el bienestar de los residentes y prevenir numerosas situaciones de crisis.

Comprender las particularidades sensoriales en el autismo

Las particularidades sensoriales forman parte de los criterios diagnósticos del autismo en el DSM-5. Afectan a casi todas las personas autistas, aunque sus manifestaciones varían considerablemente de una persona a otra. Comprender estas particularidades es el primer paso hacia un acompañamiento adecuado.

El sistema sensorial de las personas autistas procesa la información de manera diferente. Algunas modalidades pueden ser hipersensibles (reacción excesiva a estímulos normales) o hiposensibles (necesidad de estímulos intensos para percibir). Estas particularidades pueden variar en el tiempo y según el contexto, lo que hace necesaria una adaptación constante.

95%
de las personas autistas presentan particularidades sensoriales
7
sistemas sensoriales potencialmente afectados
60%
de los comportamientos-desafíos están relacionados con causas sensoriales

Los siete sistemas sensoriales

Más allá de los cinco sentidos clásicos, otros dos sistemas sensoriales son particularmente importantes en el autismo: el sistema proprioceptivo (percepción de la posición del cuerpo en el espacio) y el sistema vestibular (equilibrio y movimiento). Los siete sistemas pueden presentar particularidades que se suman e interactúan.

El sistema auditivo

La hipersensibilidad auditiva es muy frecuente: sonidos ordinarios (aspiradora, timbre, conversaciones múltiples) pueden percibirse como dolorosos. Por el contrario, algunas personas pueden buscar sonidos específicos o parecer no oír cuando están absortas en una actividad. En instituciones, los ruidos colectivos (comedor, pasillos) son a menudo fuente de gran dificultad.

El sistema visual

La sensibilidad a la luz (neones, luz directa), a los movimientos, a los colores vivos o a los patrones complejos puede generar incomodidad. Algunas personas evitan el contacto visual no por dificultad social, sino por sobrecarga sensorial. Otras pueden sentirse fascinadas por ciertos estímulos visuales (reflejos, objetos en movimiento).

El sistema táctil

La hipersensibilidad táctil se manifiesta por una intolerancia a ciertas texturas de ropa, alimentos o al tacto ligero. El contacto físico, incluso benevolente, puede ser mal recibido. La hiposensibilidad puede traducirse en una búsqueda de presiones profundas o una aparente insensibilidad al dolor.

Los sistemas olfativo y gustativo

Los olores de cocina, de productos de limpieza, de perfumes pueden percibirse de manera amplificada y desencadenar reacciones de desagrado o huida. Las particularidades gustativas contribuyen a la selectividad alimentaria frecuente en el autismo.

Los sistemas proprioceptivo y vestibular

La propriocepción alterada puede afectar la coordinación motora y la conciencia del cuerpo. La búsqueda de estimulación proprioceptiva explica ciertos comportamientos como mecerse, saltar o buscar presiones profundas. El sistema vestibular influye en el equilibrio y puede generar tanto evitación del movimiento como búsqueda intensa.

El impacto acumulado de las estimulaciones

Las diferentes estimulaciones sensoriales se suman y pueden llevar a una sobrecarga sensorial. Una persona puede soportar un ruido moderado en un entorno tranquilo, pero no el mismo ruido si se suma a una luz brillante, olores fuertes y movimiento a su alrededor. La formación debe sensibilizar sobre esta dimensión acumulativa para comprender los umbrales de tolerancia variables.

La evaluación del perfil sensorial

Antes de cualquier intervención, es indispensable realizar una evaluación del perfil sensorial de cada persona. Esta evaluación identifica las hipersensibilidades, las hiposensibilidades y las estrategias de regulación de la persona. Constituye la base de un acompañamiento personalizado.

Las herramientas de evaluación

Varias herramientas estandarizadas permiten evaluar el perfil sensorial. El Perfil Sensorial de Dunn, en sus diferentes versiones (niño, adulto, abreviado), es el más utilizado. Evalúa las respuestas sensoriales en las diferentes modalidades e identifica los patrones de comportamiento (búsqueda, evitación, sensibilidad, registro). Otras herramientas como la Lista de Verificación del Perfil Sensorial o las cuadrículas de observación pueden complementar la evaluación.

La evaluación clínica por un terapeuta ocupacional o psicomotricista capacitado aporta un análisis más fino, con observaciones en situaciones reales. La observación diaria por los equipos, guiada por cuadrículas estructuradas, enriquece esta evaluación al capturar las variaciones contextuales y temporales.

Modalidad sensorialSignos de hipersensibilidadSignos de hiposensibilidad
AuditivaSe tapa los oídos, huye de lugares ruidosos, reacciona a sonidos lejanosBusca sonidos fuertes, no reacciona cuando se le llama
VisualEvita la luz brillante, entrecierra los ojos, desvía la miradaFija las luces, busca objetos en movimiento
TáctilRechaza ciertas prendas, evita el tacto, incomodidad al lavarseBusca presiones fuertes, toca todo, parece insensible
ProprioceptivaMovimientos rígidos, incomodidad posturalSe mece, salta, busca compresiones
VestibularEvita los movimientos, mareosGira sobre sí mismo, busca movimiento intenso

Adaptar el entorno institucional

El entorno de un establecimiento médico-social generalmente no está diseñado teniendo en cuenta las particularidades sensoriales. Ruidos colectivos, iluminaciones estandarizadas, espacios compartidos: estas características pueden generar un estrés sensorial constante para los residentes autistas. La adaptación del entorno es un factor clave para mejorar el bienestar.

Adaptaciones del entorno sonoro

La reducción del ruido ambiental pasa por varias intervenciones: revestimientos absorbentes (moqueta, paneles acústicos), mobiliario silencioso (patines bajo las sillas), organización que limite las fuentes de ruido simultáneas. Deben ser accesibles zonas tranquilas, preservadas de los ruidos colectivos, para permitir la recuperación.

Para las personas hipersensibles, la provisión de protecciones auditivas (auriculares, tapones) ofrece una solución individual complementaria. Estos equipos deben presentarse de manera positiva y su uso facilitarse para que los residentes puedan utilizarlos de manera autónoma cuando lo necesiten.

Adaptaciones del entorno visual

La iluminación merece una atención particular. Los neones, particularmente problemáticos (parpadeo, ruido), pueden ser reemplazados por LED de calidad. Los reguladores permiten ajustar la intensidad luminosa. El uso de luz natural, cuando es posible, suele ser mejor tolerado. Zonas menos iluminadas ofrecen refugios para las personas fotosensibles.

El entorno visual global debe evitar la sobrecarga: colores apacibles en lugar de vivos, exhibición sobria y organizada, almacenamientos cerrados para reducir el desorden visual. La señalización clara y estable ayuda a la orientación sin sobrecargar visualmente.

Los espacios sensoriales dedicados

Cada vez más establecimientos crean espacios sensoriales dedicados, a veces llamados salas snoezelen por el nombre del concepto neerlandés original. Estos espacios permiten ya sea calmarse (entorno tranquilo y controlado), ya sea estimularse (para las personas hiposensibles), según las necesidades de cada persona.

El equipamiento de un espacio sensorial

Un espacio sensorial puede incluir diferentes equipos según los objetivos. Para la calma: iluminación tenue y modulable, música suave, elementos visuales suaves (fibras ópticas, proyecciones), colchón cómodo, manta pesada. Para la estimulación: objetos vibrantes, columpio, trampolín, pelota de texturas variadas. Lo importante es que el espacio pueda adaptarse a las necesidades individuales.

El acceso al espacio sensorial debe facilitarse para permitir la autorregulación. Un residente que siente que la ansiedad o la sobrecarga aumenta debería poder ir allí de manera autónoma o acompañada. Las reglas de uso se definen con los equipos y se adaptan a cada persona.

  • Zona tranquila con iluminación modulable e insonorización
  • Asientos cómodos variados (puf, hamaca, sillón)
  • Elementos visuales apacibles (fibras ópticas, proyector)
  • Material táctil variado (manta pesada, pelotas sensoriales)
  • Equipo sonoro controlable (música, sonidos de la naturaleza)
  • Espacio de movimiento si es posible (columpio, trampolín)
  • Almacenamiento organizado del material
  • Reglas de uso claras y visuales

"La creación de un espacio sensorial en nuestro hogar ha sido una revolución. Los residentes que lo utilizan regularmente están mucho más tranquilos durante el día. Hemos observado una disminución significativa de los comportamientos-desafíos. Se ha convertido en una herramienta esencial de nuestro acompañamiento, y la formación de los equipos ha sido determinante para su buen uso."

— Jefe de servicio, Hogar de acogida médico, Normandía

Las estrategias de regulación sensorial

Más allá de la adaptación del entorno, los profesionales capacitados pueden proponer estrategias de regulación sensorial adaptadas a cada residente. Estas estrategias buscan evitar la sobrecarga o aportar las estimulaciones necesarias a las personas hiposensibles.

La dieta sensorial

El concepto de "dieta sensorial" designa un programa personalizado de actividades sensoriales integradas en el día para mantener un nivel de regulación óptimo. Al igual que una dieta alimentaria equilibra los nutrientes, la dieta sensorial equilibra los aportes sensoriales. Es elaborada por un terapeuta ocupacional o psicomotricista y puesta en práctica por todo el equipo.

Una dieta sensorial puede incluir actividades proprioceptivas (uso de chaleco pesado, ejercicios de empuje), pausas sensoriales regulares (acceso al espacio tranquilo), actividades de movimiento (caminata, columpio), herramientas de regulación disponibles (fidget, pelota antiestrés). La integración de estos elementos en la planificación diaria previene la sobrecarga.

Herramientas de regulación individual

Se pueden poner a disposición de los residentes herramientas para su autorregulación. Para los hipersensibles: auriculares anti-ruido, gafas de sol, fidgets tranquilos. Para los hiposensibles: objetos para masticar, pelotas pesadas, cojines vibrantes. La formación de los equipos incluye el conocimiento de estas herramientas y el acompañamiento en su uso.

El objetivo a largo plazo es desarrollar la autorregulación: que la persona reconozca sus propias necesidades sensoriales y utilice las estrategias apropiadas de manera autónoma. Este aprendizaje se realiza de manera progresiva, con el apoyo de los profesionales.

Adaptar los momentos del día a día

Las comidas

El momento de la comida acumula a menudo numerosas solicitudes sensoriales: ruidos del comedor, olores de cocina, texturas de los alimentos, proximidad de otros comensales. Para los residentes sensibles, algunas adaptaciones pueden facilitar este momento: colocación en un rincón más tranquilo, posibilidad de comer en un horario diferido o en un espacio separado si es necesario, adaptación de las texturas alimentarias.

La selectividad alimentaria, frecuente en el autismo, tiene a menudo componentes sensoriales. Las intolerancias a ciertas texturas, temperaturas o mezclas deben ser respetadas. La ampliación del repertorio alimentario, si se desea, se realiza de manera muy progresiva y sin presión.

Los cuidados de higiene

Los cuidados de higiene (ducha, vestimenta, cuidados bucales) solicitan intensamente el sistema táctil. El agua sobre la piel, el roce de la ropa, el cepillado de dientes pueden vivirse como desagradables o incluso dolorosos. Algunas adaptaciones permiten reducir la incomodidad: temperatura y presión del agua ajustadas, ropa de texturas toleradas, cepillos de dientes suaves.

La anticipación y el ritual aseguran estos momentos. Un desarrollo predecible, soportes visuales que indiquen los pasos, un acompañamiento calmado y paciente reducen la ansiedad. Las preferencias de cada residente son documentadas y respetadas por todo el equipo.

Las actividades y los desplazamientos

Las actividades propuestas deben tener en cuenta los perfiles sensoriales. Una actividad muy estimulante (música fuerte, movimientos) será adecuada para las personas hiposensibles pero no para las hipersensibles. Proponer alternativas o adaptaciones (auriculares anti-ruido, colocación alejada de los altavoces) permite la inclusión de todos.

Los desplazamientos (dentro del establecimiento, al exterior) exponen a estimulaciones variadas y a veces impredecibles. Prepararlos (información sobre el entorno esperado), equiparlos (protecciones auditivas para los transportes) y prever tiempos de recuperación después de las salidas ayuda a las personas sensibles a gestionar estas situaciones.

💡 Recursos para los equipos y las familias

Para profundizar la comprensión de las necesidades sensoriales y su consideración, DYNSEO ofrece recursos complementarios. El guía para acompañar a los niños autistas y el guía para acompañar a los adultos autistas abordan las particularidades sensoriales y proponen estrategias concretas. Estas guías pueden compartirse con las familias para una coherencia en los enfoques.

Formar a todo el equipo

El enfoque sensorial solo puede ser efectivo si es compartido por todo el equipo. Todos los profesionales en contacto con los residentes deben comprender las particularidades sensoriales y adaptar su comportamiento. Una formación a varios niveles permite esta apropiación colectiva.

Formación de sensibilización para todos

Una formación básica sensibiliza a todo el personal (educativos, cuidadores, servicios generales) sobre las particularidades sensoriales del autismo. Permite comprender los comportamientos de los residentes, adoptar actitudes adecuadas (hablar suavemente, evitar perfumes fuertes, señalar su presencia antes de tocar) y contribuir a un entorno respetuoso.

Formación avanzada para los referentes

Profesionales referentes (educadores, psicomotricistas, terapeutas ocupacionales) reciben una formación más profunda. Dominan las herramientas de evaluación, saben elaborar planes de regulación sensorial personalizados, animan los espacios sensoriales y acompañan a sus colegas en la implementación de las adaptaciones.

Supervisión y análisis de prácticas

Más allá de la formación inicial, tiempos regulares de supervisión o análisis de prácticas permiten tratar situaciones difíciles, compartir observaciones y afinar estrategias. Un terapeuta ocupacional o psicomotricista puede intervenir para estos tiempos de reflexión colectiva.

El papel clave del terapeuta ocupacional y del psicomotricista

El terapeuta ocupacional y el psicomotricista son los profesionales más especializados en la evaluación y el acompañamiento sensorial. Su experiencia es valiosa para formar a los equipos, evaluar los perfiles, diseñar los espacios y los programas de regulación. Si no hay uno en el establecimiento, se puede considerar una asociación con un profesional externo para beneficiarse de esta experiencia.

Evaluar el impacto del enfoque sensorial

La implementación de un enfoque sensorial representa una inversión en formación, equipamiento y organización. Evaluar su impacto permite demostrar su utilidad y ajustar las acciones. Se pueden seguir varios indicadores.

Indicadores de bienestar

El bienestar de los residentes es el objetivo principal. Herramientas de evaluación del bienestar (observación de comportamientos positivos, cuestionarios adaptados) permiten medirlo. La reducción de signos de estrés y de incomodidad sensorial es un indicador directo de la eficacia de las adaptaciones.

Indicadores de comportamientos-desafíos

La disminución de los comportamientos-desafíos, en frecuencia e intensidad, a menudo atestigua la eficacia del enfoque sensorial. El seguimiento de incidentes y su análisis desde el ángulo sensorial (¿el comportamiento tenía un desencadenante sensorial?) alimentan esta evaluación.

Indicadores de participación

La mejora de la participación en las actividades y de la autonomía en los actos cotidianos refleja un mejor confort sensorial. Residentes que ahora aceptan participar en actividades que antes evitaban, o que toleran mejor los cuidados de higiene, muestran los beneficios de las adaptaciones.

Conclusión: un enfoque que transforma la vida cotidiana

El enfoque sensorial representa un cambio de paradigma en el acompañamiento de las personas autistas en instituciones. Al pasar de una visión centrada en los comportamientos a una comprensión de las causas sensoriales subyacentes, abre vías de intervención respetuosas y eficaces.

La formación de los equipos es la clave de esta transformación. Comprender las particularidades sensoriales de cada residente, adaptar el entorno, proponer estrategias de regulación, crear espacios dedicados: todas estas acciones contribuyen a mejorar significativamente la calidad de vida de las personas acompañadas.

Herramientas como el programa COCO de DYNSEO, con su interfaz adaptada y sus actividades respetuosas de las particularidades sensoriales, se integran naturalmente en este enfoque. Al combinar formación, adaptaciones y herramientas adecuadas, los establecimientos pueden ofrecer un entorno verdaderamente acogedor para las personas autistas.

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