Gestionar las transiciones y cambios con un niño autista: estrategias prácticas | DYNSEO

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Gestionar las transiciones y cambios con un niño autista: estrategias prácticas

Técnicas y herramientas para acompañar a su hijo en momentos de cambio y facilitar el paso de una actividad a otra

Las transiciones – ya sea pasar de una actividad a otra, cambiar de lugar o vivir un evento imprevisto – a menudo representan momentos difíciles para los niños autistas. La necesidad de previsibilidad y la resistencia al cambio, características del trastorno del espectro autista, convierten estos momentos en fuentes de ansiedad y a veces en crisis. Sin embargo, estrategias simples y herramientas adecuadas pueden transformar estas transiciones en momentos más fluidos y menos estresantes tanto para el niño como para su familia.

¿Por qué son difíciles las transiciones?

Para entender las dificultades de transición de los niños autistas, es necesario ponerse en su lugar. Su cerebro procesa la información de manera diferente y necesita más tiempo para adaptarse a los cambios. Lo que para nosotros parece ser una simple transición (dejar un juego para ir a cenar) representa para ellos un verdadero trastorno: interrumpir una actividad placentera y predecible para entrar en lo desconocido, incluso si ese "desconocido" es la comida habitual.

La dificultad para anticipar lo que va a suceder, para comprender la noción del tiempo y para manejar las emociones relacionadas con el cambio amplifica el estrés de las transiciones. Además, muchos niños autistas tienen dificultades con la flexibilidad cognitiva: una vez que están comprometidos en una actividad, cambiar de "programa mental" consume mucha energía. Estas dificultades no son falta de voluntad, sino características neurológicas.

80%
de los niños autistas tienen dificultades con las transiciones
60%
de las crisis están relacionadas con transiciones mal preparadas
-70%
de dificultades con estrategias adecuadas

Los tipos de transiciones a acompañar

Las micro-transiciones del día a día

Las micro-transiciones marcan el ritmo del día: pasar del despertar al desayuno, dejar de jugar para vestirse, salir de casa para ir a la escuela, volver del parque. Para un niño autista, cada una de estas transiciones puede ser fuente de dificultad. Su repetición diaria no las hace necesariamente más fáciles; al contrario, la acumulación puede ser agotadora.

Las transiciones de lugar

Cambiar de entorno añade una dimensión adicional: pasar de un lugar conocido y seguro a otro. Los trayectos en coche, las entradas y salidas de tiendas, las visitas al médico o a familiares son transiciones de lugar potencialmente ansiógenas. El niño debe adaptarse a un nuevo entorno sensorial (sonidos, luces, olores) mientras gestiona el cambio de actividad.

Los grandes cambios

Algunas transiciones son eventos importantes: inicio del curso escolar, cambio de clase o de escuela, mudanza, vacaciones, llegada de un nuevo miembro a la familia. Estos grandes cambios requieren una preparación mucho más anticipada y progresiva. Pueden desestabilizar al niño durante varias semanas.

Las señales de dificultad a identificar

Un niño en dificultad durante las transiciones puede manifestar su estrés de diferentes maneras: agitación motora, vocalizaciones o gritos, rechazo verbal o físico, comportamientos de oposición, reclusión, comportamientos repetitivos intensificados, agresividad o autolesiones en los casos más intensos. Identificar las señales tempranas permite intervenir antes de la crisis.

Las estrategias de anticipación

El horario visual

El horario visual es la herramienta fundamental para ayudar al niño a anticipar las transiciones. Al representar visualmente la secuencia de actividades del día, permite saber qué va a suceder y en qué orden. El niño puede consultarlo en cualquier momento para situarse en el tiempo y anticipar lo que viene.

El nivel de detalle del horario se adapta a las necesidades del niño: planificación de todo el día, medio día, o secuencia de solo algunas actividades. El formato (fotos, pictogramas, dibujos, palabras) corresponde al nivel de comprensión del niño. La característica manipulable (quitar la imagen de la actividad terminada) hace tangible el paso del tiempo.

Cómo crear un horario visual efectivo

1. Elegir un formato adecuado para el niño (fotos para los más pequeños, pictogramas, luego escrito). 2. Colocar el horario a la altura de los ojos del niño, en un lugar accesible. 3. Consultarlo con el niño al inicio del día o de medio día. 4. Referirse a él antes de cada transición: "Mira, hemos terminado X, ahora es Y". 5. Permitir que el niño manipule (quitar la imagen terminada, marcar). 6. Mantener la constancia del sistema en todos los lugares de vida.

Los avisos progresivos

Avisar al niño que se aproxima una transición le deja tiempo para prepararse mentalmente. Esta preparación es esencial para evitar el efecto sorpresa. Los avisos pueden ser verbales ("en 5 minutos, dejamos de jugar"), visuales (temporizador visual, reloj de arena), o sensoriales (una música que siempre señala el mismo cambio).

La gradación de los avisos ayuda al niño a integrar progresivamente la idea del cambio: primer aviso 10 minutos antes, recordatorio a 5 minutos, luego a 2 minutos, y finalmente señal de la transición efectiva. Esta secuencia predecible se convierte en un ritual tranquilizador. El número y el espaciado de los avisos se adaptan al niño.

El temporizador visual

El temporizador visual materializa el tiempo que pasa, una noción abstracta difícil de comprender para muchos niños autistas. Herramientas como el Time Timer, que muestra el tiempo restante a través de una zona coloreada que disminuye, o un simple reloj de arena, hacen visible la aproximación de la transición. El niño puede ver concretamente que el tiempo de juego se reduce, lo que facilita la aceptación del final.

Las estrategias en el momento de la transición

Los rituales de transición

Un ritual de transición es una pequeña rutina que marca el paso de una actividad a otra. Siempre idéntico, este ritual se vuelve predecible y seguro: una canción de recogida, una frase ritual ("recogemos, nos vamos"), un gesto particular. El ritual señala claramente que la transición está ocurriendo y crea un puente entre el antes y el después.

Los objetos de transición

Algunos niños se benefician de un objeto de transición, que pueden llevar de una actividad o lugar a otro. Este objeto familiar (peluche, pequeño juguete, objeto sensorial) aporta un elemento de continuidad y consuelo en el cambio. También puede servir como motivación: "vamos a buscar el peluche, lo llevamos a la mesa".

El acompañamiento verbal adecuado

La forma de comunicarse durante la transición es muy importante. Instrucciones cortas, concretas y positivas son más efectivas que explicaciones largas o prohibiciones. "Ponerse los zapatos" en lugar de "Deja de jugar y ve a ponerte los zapatos, si no, vamos a llegar tarde". Un tono calmado y sereno, incluso si el niño se agita, ayuda a contener la ansiedad.

  • Dar avisos progresivos antes de la transición
  • Utilizar un temporizador visual para materializar el tiempo restante
  • Referirse al horario visual
  • Aplicar un ritual de transición constante
  • Proponer un objeto de transición si es útil
  • Dar instrucciones cortas y positivas
  • Mantener un tono calmado y sereno
  • Felicitar las transiciones exitosas

Preparar los grandes cambios

La preparación con mucha antelación

Los eventos importantes (inicio del curso, vacaciones, mudanza) requieren una preparación que comience varias semanas antes. Esta preparación puede incluir libros sobre el tema (historias sociales), fotos o videos del nuevo lugar, visitas previas si es posible, discusiones regulares sobre lo que va a cambiar y lo que permanecerá igual.

Los escenarios sociales

Los escenarios sociales son historias cortas personalizadas que describen una situación futura desde el punto de vista del niño. Explican lo que va a suceder, cómo reaccionarán las personas y cómo puede comportarse el niño. Leer el escenario varias veces antes del evento ayuda al niño a prepararse y reduce la ansiedad de lo desconocido.

"Antes, cada salida era una pesadilla. Mi hijo no soportaba dejar sus actividades y gritaba en cada transición. Desde que usamos un horario visual y avisos con un temporizador, es el día y la noche. Acepta mucho mejor los cambios e incluso hay transiciones que ocurren sin ninguna dificultad. Ha cambiado nuestra vida familiar."

— Mamá de un niño autista de 7 años

Cuando la transición sale mal

Mantener la calma

Si a pesar de la preparación, la transición desencadena una crisis, la primera regla es mantener la calma. La ansiedad o la ira del adulto amplifican la del niño. Un tono sereno, gestos lentos, una presencia tranquilizadora ayudan al niño a recuperar la calma. Recordar que el niño no es "difícil", sino que tiene dificultades.

Analizar y ajustar

Después, analizar lo que no funcionó permite ajustar las estrategias. ¿Fue suficiente el tiempo de preparación? ¿Estaba el niño ya estresado o cansado? ¿Hubo algún elemento imprevisto que lo hizo todo cambiar? Esta reflexión, sin culpabilización, mejora progresivamente la gestión de las transiciones.

💡 Para ir más allá

La guía DYNSEO para acompañar a los niños autistas ofrece muchas otras estrategias prácticas para la vida cotidiana, más allá de la gestión de transiciones. Para las familias de adolescentes o adultos, la guía para acompañar a adultos autistas aborda las especificidades de estas etapas de la vida.

Conclusión: transiciones más serenas son posibles

Las dificultades de transición de los niños autistas no son una fatalidad. Con las estrategias adecuadas – anticipación, soportes visuales, rituales, comunicación adaptada – estos momentos delicados pueden volverse más fluidos y menos estresantes. La inversión inicial en la implementación de estas herramientas se compensa ampliamente con la mejora de la calidad de vida familiar.

Cada niño es único y lo que funciona para uno puede no ser adecuado para otro. La observación de su hijo, la experimentación con diferentes estrategias y el ajuste progresivo le permitirán encontrar las soluciones más adecuadas. Herramientas como el programa COCO, con sus transiciones integradas, pueden ayudar a practicar estos pasos en un entorno lúdico y seguro.

No dude en solicitar la ayuda de los profesionales que acompañan a su hijo para implementar estas estrategias de manera coherente en casa, en la escuela y en otros lugares de vida. La coherencia de los enfoques refuerza su efectividad y ayuda al niño a generalizar sus aprendizajes.

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