Rodilla hinchada en el mayor: lo que su médico no siempre le dice
Primero, entender qué está pasando dentro de la rodilla
La rodilla es la articulación más grande del cuerpo y también una de las más castigadas. Soporta el peso de todo el cuerpo en cada paso, en cada escalón y cada vez que nos levantamos de una silla. Para que el movimiento sea suave, está recubierta por una membrana fina, la sinovial, que produce una pequeña cantidad de líquido lubricante. Ese líquido nutre el cartílago y permite que las superficies óseas se deslicen sin rozar.
Cuando algo irrita la articulación, la sinovial reacciona produciendo más líquido del necesario. Ese exceso es lo que llamamos derrame articular, y es lo que usted ve y siente como una rodilla «gorda», tensa, que cuesta doblar por completo o que ya no deja ver bien el contorno de la rótula. La hinchazón, por tanto, no es el problema de fondo: es la forma que tiene la rodilla de avisar de que algo la molesta. La pregunta útil no es «¿cómo hago que baje?», sino «¿qué la está irritando?».
En una persona de 60, 70 u 80 años, las posibles causas son muy distintas de las de un deportista joven. El desgaste del cartílago, los depósitos de cristales, las pequeñas lesiones del menisco que aparecen sin traumatismo evidente o la sobrecarga tras una caminata inusual pueden dar un cuadro parecido. Por eso dos rodillas que se ven iguales por fuera pueden requerir cuidados diferentes. Y por eso conviene que, al menos una vez, un profesional examine la rodilla y dé un nombre a lo que ocurre.
También es importante recordar que la hinchazón no siempre es proporcional al dolor. Algunas rodillas muy hinchadas duelen poco y otras, apenas visibles, resultan muy dolorosas. No se fíe únicamente del volumen: observe también el calor, el color de la piel, la capacidad de apoyar el pie y la presencia de fiebre o malestar general.
Para recordar de esta primera parte:
- La hinchazón es un síntoma: la rodilla fabrica más líquido porque algo la irrita.
- Las causas en la persona mayor no son las mismas que en un adulto joven.
- El volumen de la hinchazón no siempre refleja la gravedad del problema.
- Ponerle nombre a la causa es el primer paso para tratarla bien.
Las señales que exigen consultar el mismo día
La mayoría de las rodillas hinchadas en el mayor no son una urgencia. Pero existen cuadros, poco frecuentes, en los que perder un día puede tener consecuencias. Conviene conocerlos de antemano para no dudar cuando aparezcan.
La rodilla está roja y caliente y además tiene fiebre o escalofríos; si no puede apoyar el pie en absoluto; si la hinchazón apareció tras una caída o un golpe, sobre todo si toma anticoagulantes; o si la pantorrilla está también hinchada, dura y dolorosa. Este último cuadro puede corresponder a una trombosis venosa y no debe esperar.
La razón es sencilla. Una rodilla roja, caliente y con fiebre puede indicar una infección de la articulación, algo raro pero que exige un diagnóstico y un tratamiento rápidos porque puede dañar el cartílago en pocos días. Una hinchazón tensa y muy dolorosa tras un golpe puede significar que hay sangre dentro de la articulación, un riesgo mayor en quienes toman medicación para fluidificar la sangre. Y una pantorrilla hinchada puede confundirse con un problema de rodilla cuando en realidad se trata de un coágulo en una vena profunda.
Hay otras situaciones que, sin ser urgentes, merecen una cita pronta en los días siguientes: una hinchazón que no mejora tras una semana de cuidados, que vuelve una y otra vez, que se acompaña de bloqueos (la rodilla «se queda trabada»), de una sensación de fallo o de pérdida de fuerza, o que le impide dormir. Si tiene dudas, llame a su centro de salud o a su farmacéutico: es mejor una consulta innecesaria que una complicación evitable.
La artrosis: la causa más frecuente después de los 60 años
En la gran mayoría de los casos, la rodilla hinchada de una persona mayor tiene detrás la artrosis. El cartílago que recubre los huesos se va desgastando con los años; la sinovial se inflama como reacción a los pequeños fragmentos y a la fricción, y el líquido se acumula. Es incómoda, a veces dolorosa, pero rara vez peligrosa. Y, sobre todo, es una situación con la que se puede convivir bien si se maneja de forma adecuada.
La artrosis suele evolucionar por brotes. Hay semanas en las que la rodilla apenas molesta y otras en las que se inflama tras un esfuerzo, un día de humedad o una caminata más larga de lo habitual. Esos brotes no significan que la articulación se esté destruyendo más rápido; significan que ha superado, de forma pasajera, lo que podía tolerar. Aprender a reconocer lo que desencadena sus brotes (unas escaleras, un día de compras, estar mucho tiempo de pie) le permite dosificar el esfuerzo sin dejar de moverse.
Un mensaje que cuesta transmitir en consultas breves es que la artrosis no se mejora con el reposo. El cartílago se nutre del movimiento: es al comprimirse y descomprimirse mientras caminamos cuando recibe nutrientes del líquido articular. Una rodilla inmóvil se «alimenta» peor y los músculos que la protegen se debilitan. Por eso las guías de práctica clínica recomiendan, desde hace años, mantener la actividad física adaptada como pilar del tratamiento de la artrosis, junto con el control del peso y, cuando hace falta, la medicación que su médico indique.
Una rodilla artrósica no tiene por qué acabar en una operación. Muchas personas mantienen durante años una buena calidad de vida con ejercicio regular, calzado adecuado, ayudas puntuales y un seguimiento razonable. La cirugía es una opción para casos concretos en los que el dolor limita de forma importante la vida diaria y los demás recursos han sido insuficientes, y es una decisión que se toma de forma compartida con su médico y su cirujano.
Las otras causas frecuentes que conviene conocer
Después de la artrosis, hay varias situaciones que reaparecen una y otra vez en la consulta. Conocerlas ayuda a hacer mejores preguntas.
Quiste poplíteo (quiste de Baker)
Es un saco de líquido que se forma en la parte posterior de la rodilla, en el hueco de detrás. Suele aparecer cuando hay un derrame crónico, casi siempre por artrosis o por una lesión del menisco. Provoca una sensación de tensión al flexionar la pierna y, a veces, un bulto visible. Habitualmente es benigno, pero si se rompe, el líquido desciende por la pantorrilla y puede simular una trombosis, con dolor e hinchazón repentinos. Ante ese cuadro, siempre es necesario que un médico lo valore.
Bursitis
Las bursas son pequeñas bolsas de líquido que amortiguan el roce entre tendones, piel y hueso. Cuando se inflaman, producen una hinchazón localizada, por ejemplo delante de la rótula o en la cara interna de la rodilla. Se produce con frecuencia en quienes se arrodillan a menudo (jardinería, limpieza, tareas domésticas) y se confunde con un brote de artrosis, aunque no se trata exactamente igual: suele requerir evitar la presión sobre la zona más que movilizarla.
Gota y condrocalcinosis (pseudogota)
La gota y su «prima» la pseudogota se deben a cristales que se depositan en la articulación y desencadenan una inflamación súbita. Siguen estando infradiagnosticadas en los mayores. Cuando la rodilla se hincha bruscamente por la noche, se pone roja y se vuelve tan sensible que no soporta el roce de la sábana, hay que pensar en ello. El diagnóstico se confirma analizando el líquido articular, y el tratamiento es específico, distinto del de la artrosis.
Lesión del menisco y otras causas mecánicas
Con la edad, el menisco, ese cojín de cartílago que amortigua la rodilla, se vuelve más frágil y puede fisurarse con un simple giro, al levantarse de una silla baja o al agacharse. Esto provoca derrame, dolor en un punto concreto y, a veces, sensación de bloqueo. No siempre requiere cirugía; en muchos casos el tratamiento es conservador y se basa en ejercicio guiado.
Conseil d'expert DYNSEO
Si su rodilla se hincha en brotes, anote la fecha, qué hizo el día anterior y cuánto duró cada episodio. Esa pequeña bitácora ayuda más al médico que la frase «me duele la rodilla» y permite distinguir un brote por sobrecarga de un cuadro inflamatorio recurrente.
Lo que su médico no siempre tiene tiempo de explicarle
Seamos justos: nuestros médicos trabajan con agendas muy ajustadas. En una consulta de diez o quince minutos es fácil que se quede sin decir buena parte de lo que usted necesitaría saber, y es frecuente salir con una receta y una vaga recomendación de «descansar la rodilla». Por eso conviene saber de antemano qué preguntar.
En primer lugar, pida que le expliquen la causa probable, aunque sea provisional. No es lo mismo un brote de artrosis, que se maneja con actividad adaptada, que una bursitis, que requiere evitar la presión, o una gota, que necesita un tratamiento específico. Segundo, pregunte qué pruebas están indicadas. Una radiografía muestra el desgaste óseo pero no el líquido; una ecografía permite ver el derrame, un quiste o una bursitis; los análisis de sangre ayudan a descartar procesos inflamatorios o metabólicos; y, en casos concretos, la punción para analizar el líquido de la articulación permite distinguir entre infección, cristales o inflamación.
Tercero, pregunte por la actividad: cuánto puede caminar, si puede subir escaleras, si debe usar bastón, qué ejercicios están permitidos y cuáles debe evitar. Esta es, con diferencia, la información que más se echa en falta. Cuarto, aclare la medicación: qué tomar si hay dolor, durante cuánto tiempo y qué precauciones tomar. En las personas mayores los antiinflamatorios convencionales pueden tener efectos sobre el estómago, los riñones y la tensión arterial, y pueden interactuar con anticoagulantes y otros fármacos. Nunca los tome por su cuenta ni prolongue su uso sin indicación; su médico o su farmacéutico le dirán qué alternativa es más segura en su caso.
Por último, pregunte cuándo debe volver y qué señales deberían adelantar la cita. Salir de la consulta con un plan claro, aunque sea sencillo, reduce muchísimo la ansiedad y los errores en casa.
«¿Qué cree que provoca la hinchazón?», «¿qué puedo y qué no puedo hacer esta semana?», «¿qué signos deberían hacerme volver antes?» y «¿necesito fisioterapia?». Con esas cuatro preguntas, la mayoría de los pacientes salen de la consulta sabiendo qué hacer y por qué. Si le cuesta recordarlas, escríbalas en un papel o pídale a un familiar que le acompañe.
Lo que realmente agrava la situación: los errores más comunes
Hay una serie de reflejos, muy humanos y bien intencionados, que acaban empeorando la rodilla. Estos son los que más vemos.
❌ El reposo total
Es el error número uno. Una rodilla que no se usa pierde músculo en pocos días, se vuelve inestable y, paradójicamente, más dolorosa. En una persona mayor, la pérdida de fuerza del cuádriceps (el gran músculo del muslo) puede instalarse en una o dos semanas y tarda mucho más en recuperarse. Caminar suavemente, incluso diez minutos varias veces al día, sigue siendo beneficioso siempre que no aumente el dolor de forma marcada. El reposo solo está indicado de forma breve y bien definida, y siempre con ejercicios suaves de mantenimiento.
❌ Aplicar calor en la fase aguda
Muchos pacientes colocan una bolsa de agua caliente sobre la rodilla hinchada porque «alivia». Es lo contrario de lo que conviene en la fase aguda: el calor dilata los vasos y favorece la inflamación. El frío calma la inflamación: 15 a 20 minutos, dos o tres veces al día, durante las primeras 72 horas. El calor puede ser útil más adelante, para la rigidez crónica, pero no en una rodilla caliente e hinchada.
❌ Automedicarse con antiinflamatorios
Es tentador abrir el botiquín y tomar lo que sobró de otra ocasión. En los mayores, esa práctica no está exenta de riesgos, como hemos visto. Consulte siempre antes y use la dosis más baja durante el menor tiempo posible, según la indicación profesional.
❌ Encadenar infiltraciones sin un plan
Las infiltraciones pueden aliviar un brote en casos concretos, pero no sustituyen el trabajo muscular ni cambian la causa del problema. Su número y su frecuencia deben limitarse y decidirse con el médico dentro de un plan global que incluya ejercicio. Una infiltración que «resuelve» el dolor durante unas semanas sin que nadie trabaje la fuerza ni el equilibrio no es una solución duradera.
❌ Inmovilizarse con una rodillera rígida de forma permanente
Una rodillera puede dar seguridad en determinados momentos, pero llevarla todo el día, todos los días, favorece la atrofia muscular. Úsela solo si se lo han aconsejado y durante el tiempo indicado.
❌ Ignorar el dolor hasta que sea insoportable
En el extremo opuesto, hay personas que minimizan los síntomas, siguen subiendo escaleras sin precaución y consultan cuando el problema ya está muy avanzado. La clave está en el término medio: moverse con inteligencia, escuchar a la rodilla y pedir ayuda a tiempo.
Durante un ejercicio, un dolor leve a moderado que desaparece en poco tiempo suele ser aceptable. Si el dolor es intenso, si la rodilla está más hinchada por la noche o si al día siguiente se encuentra claramente peor, la actividad fue excesiva: redúzcala la próxima vez, sin abandonarla.
Qué hacer en casa durante las primeras 72 horas
Si su médico ha descartado una urgencia y la rodilla se ha hinchado de forma reciente, estas medidas sencillas ayudan a calmar la inflamación sin perder movilidad. Siempre dentro de lo que su profesional de salud le haya indicado.
- Frío local. Envuelva una bolsa de hielo o de gel frío en un paño fino (nunca directamente sobre la piel) y aplíquela entre 15 y 20 minutos, dos o tres veces al día. Si tiene problemas de sensibilidad (por ejemplo, por diabetes) o mala circulación, consulte antes con su médico.
- Elevación intermitente. Cuando esté sentado, apoye la pierna sobre un taburete o un cojín, con la rodilla ligeramente flexionada y la pierna algo por encima del nivel del corazón si es posible. No lo convierta en un reposo prolongado.
- Compresión suave. Un vendaje elástico ligero puede aportar comodidad, pero no debe apretar: si nota hormigueo, frío o cambio de color en el pie, retírelo.
- Movimiento suave y frecuente. Flexione y extienda la rodilla sentado, dentro del rango que no duela, varias veces al día. Camine distancias cortas, con calzado estable.
- Descanso del esfuerzo, no de la rodilla. Evite cargas, escaleras innecesarias y estar mucho tiempo de pie, pero mantenga la actividad cotidiana habitual.
- Seguimiento del cuadro. Observe si la hinchazón baja, se mantiene o aumenta, y si aparece fiebre o enrojecimiento.
Si tras tres o cuatro días de cuidados no nota ninguna mejora, o si se agrava, no espere más: pida cita. Y si la rodilla mejora pero reaparece con frecuencia, ya no hablamos de un episodio aislado sino de una situación que merece un abordaje de fondo.
Un punto raramente mencionado: el equilibrio, las caídas y su hogar
Hay un aspecto que casi nunca aparece en las conversaciones sobre la rodilla hinchada y que, sin embargo, es decisivo en las personas mayores: el equilibrio. Una rodilla hinchada altera el modo de caminar. La hinchazón inhibe de forma refleja los músculos que estabilizan la articulación, la rodilla «falla» más, la marcha se modifica y el cuerpo compensa con la cadera o con el otro lado. El resultado es un aumento del riesgo de caída.
Este vínculo entre derrame e inestabilidad es especialmente importante porque una caída en la persona mayor puede cambiar el rumbo de su autonomía: una fractura, el miedo a volver a caerse, la reducción de las salidas, el aislamiento. Se habla poco de ello, pero la rodilla hinchada no solo duele: condiciona la confianza con la que usted se mueve. Y ese mecanismo de compensación puede establecerse en apenas unos días.

Adaptar la casa mientras la rodilla se recupera
Pequeños cambios reducen mucho el riesgo mientras dura el episodio:
- Despeje los pasillos y retire alfombras sueltas o cables.
- Mejore la iluminación, sobre todo del dormitorio al baño por la noche.
- Utilice sillas con respaldo y reposabrazos, ni demasiado bajas ni demasiado blandas, para facilitar el levantarse.
- Calce zapatos cerrados, con suela antideslizante, también en casa; evite las zapatillas sin talón.
- Instale asideros en la ducha y un asiento si lo necesita.
- Valore un bastón mientras dure el brote, en el lado contrario a la rodilla afectada; un profesional puede ajustarle la altura y enseñarle a usarlo.

Una formación práctica para detectar los factores de riesgo en el domicilio y en la rutina diaria, y para reorganizar el entorno de una persona mayor de forma segura.
Ver la formación →Lo que cambia concretamente la fisioterapia
Si hay un recurso infravalorado en la rodilla del mayor, es la fisioterapia. Fortalecer los músculos que rodean la articulación, recuperar el rango de movimiento, trabajar el equilibrio y adaptar las actividades cotidianas es lo que realmente cambia la trayectoria a medio plazo. No la inmovilización, no las infiltraciones repetidas.
Un fisioterapeuta no se limita a «dar masajes». Evalúa cómo camina, cómo se levanta, qué músculos están débiles, qué movimientos le provocan dolor y qué compensaciones ha desarrollado. Con esa información diseña un programa progresivo, adaptado a su edad, a sus otras enfermedades y a sus objetivos reales (volver a hacer la compra, subir al autobús, pasear con los nietos). Además, le enseña ejercicios que puede continuar en casa y le ayuda a distinguir el dolor «bueno», el del músculo que trabaja, del dolor de alarma.
Ejercicios sencillos que suelen proponerse (siempre con el visto bueno de su profesional)
- Contracción del cuádriceps: sentado o tumbado con la pierna estirada, apriete el muslo empujando la rodilla hacia abajo, mantenga unos cinco segundos y relaje. Diez repeticiones.
- Extensión de rodilla sentado: desde una silla estable, estire lentamente la pierna hasta donde pueda sin dolor, mantenga un instante y baje con control.
- Elevación de talones: de pie, agarrado a una encimera o a una silla firme, suba y baje sobre las puntas de los pies.
- Levantarse de la silla: el gesto funcional por excelencia. Con los brazos cruzados o apoyados, levántese y siéntese despacio, con una silla estable.
- Equilibrio unipodal asistido: junto a un apoyo firme, levante un pie unos segundos. Es un ejercicio que debe empezar con supervisión.
- Paseo diario progresivo: aumentar poco a poco la duración, con pausas, en terreno llano y estable.
Lo importante no es la intensidad sino la regularidad. Diez minutos cada día valen más que una hora una vez por semana. Y la progresión debe ser gradual: aumente la dificultad solo cuando el ejercicio actual resulte cómodo y no deje rastro de dolor al día siguiente.
Un cuádriceps fuerte actúa como un amortiguador: reparte las cargas, estabiliza la rótula y reduce la fatiga articular. Por eso, aun cuando el cartílago esté desgastado, muchas personas notan menos dolor y más seguridad al mejorar la fuerza. La mejoría muscular es progresiva y requiere semanas, no días: la constancia es el verdadero tratamiento.
Más allá de la rodilla: ánimo, sueño y mente activa
Una rodilla que duele y se hincha no solo afecta a la pierna. Afecta al ánimo, al sueño, a las ganas de salir y a la vida social. Cuando se reducen los desplazamientos, aparecen el aburrimiento, la sensación de dependencia y, a veces, la tristeza. Y un ánimo bajo, a su vez, hace percibir más el dolor y dificulta cumplir con los ejercicios. Se forma así un círculo difícil de romper si nadie lo menciona.
El sueño es otra pieza clave. El dolor nocturno, el calor de la rodilla en la cama o el miedo a levantarse para ir al baño fragmentan el descanso, y dormir mal reduce la tolerancia al dolor al día siguiente. Si le ocurre, puede comprobar cómo duerme con nuestra prueba de sueño y, si usted es familiar o cuidador, descubrir la formación Mi familiar ya no duerme: comprender y mejorar el sueño de los mayores. Estos recursos no sustituyen una consulta médica, pero ayudan a identificar hábitos mejorables.
Mantener la mente ocupada también forma parte de una recuperación equilibrada. Durante los días en que debe moverse menos, las actividades sentadas, los juegos de memoria, los puzles y las conversaciones con familiares evitan que el tiempo se haga largo y mantienen la sensación de estar activo. Tampoco hay que olvidar el contacto social: llamar a un amigo, recibir una visita o compartir una partida son pequeños gestos con un efecto real en el bienestar.
Mientras su rodilla se recupera, EDITH ofrece juegos de memoria fáciles de usar, pensados para personas mayores: una forma agradable de estimular la mente y compartir un buen rato con la familia. No es un tratamiento ni sustituye la atención médica o la fisioterapia.

Hábitos sencillos para cuidar el cuerpo, la mente y la vida social en la edad avanzada, y mantener la autonomía el mayor tiempo posible.
Ver la formación →Para quienes acompañan: familiares y cuidadores
Si usted es hijo, hija, pareja o cuidador de una persona mayor con una rodilla hinchada, su papel es más importante de lo que parece. Muchas veces es quien detecta que algo ha cambiado: que su familiar camina distinto, que ya no baja a la compra o que evita las escaleras sin decirlo. También es quien puede acompañarle a la consulta, tomar notas y recordar las indicaciones.
Anímele a moverse, pero sin forzar. Acompáñele en los primeros paseos, ayúdele a organizar los ejercicios en una rutina fácil de recordar y celebre los pequeños avances. Evite la sobreprotección: hacerlo todo por él o por ella, aunque sea por cariño, acelera la pérdida de fuerza y de confianza. El objetivo es que conserve la mayor autonomía posible con seguridad.
Y no olvide cuidarse usted también. Para quienes buscan ideas para estimular a su familiar de forma práctica, la formación Estimulación cognitiva en los seniors: ideas prácticas, herramientas y aplicación en el día a día ofrece propuestas concretas para el día a día, y la página de juegos de memoria reúne actividades para compartir juntos.

Llevar un diario de la rodilla y preparar la próxima consulta
Una de las herramientas más sencillas y útiles es un pequeño diario de seguimiento. No hace falta nada sofisticado: una libreta o una hoja impresa bastan. Anote cada día unas pocas cosas: si la rodilla está más o menos hinchada que ayer, la intensidad del dolor del 0 al 10, cuánto ha caminado, qué ejercicios ha hecho, cómo ha dormido y si ha tomado alguna medicación. A las dos semanas tendrá una imagen mucho más fiable que su memoria.
Para ayudarle, puede utilizar nuestra herramienta gratuita Tabla de seguimiento del progreso, que le permite registrar la evolución de forma ordenada y llevarla a la consulta. También le servirá para ver sus avances, y eso, a nivel emocional, es un estímulo valioso: es mucho más fácil seguir con los ejercicios cuando se comprueba que funcionan.
Antes de cada cita, prepare una lista corta con lo esencial: desde cuándo está hinchada la rodilla, qué la mejora y qué la empeora, la medicación que toma (incluidos los productos sin receta), las caídas o tropiezos recientes y las dudas que quiere resolver. Y al salir, repase en voz alta con el profesional el plan acordado.
Conseil d'expert DYNSEO
Convierta los ejercicios en un hábito atándolos a una actividad que ya hace cada día: diez contracciones de cuádriceps mientras se prepara el café, o unas elevaciones de talón mientras espera la tostada. Los hábitos «anclados» se mantienen mucho mejor que las buenas intenciones.
En resumen:
- Una rodilla hinchada después de los 60 años tiene tratamiento: la causa más habitual es la artrosis, incómoda pero rara vez peligrosa.
- Algunos signos exigen consulta el mismo día: enrojecimiento, calor y fiebre, imposibilidad de apoyar, golpe con anticoagulantes o pantorrilla hinchada y dolorosa.
- No se inmovilice: caminar suavemente sigue siendo beneficioso mientras el dolor no aumente.
- Prefiera el frío (no el calor) en las primeras 72 horas: 15 a 20 minutos, dos o tres veces al día.
- El vínculo entre hinchazón y riesgo de caída es real: actuar pronto protege la autonomía.
- La fisioterapia, con fortalecimiento muscular y trabajo del equilibrio, sigue siendo el mejor enfoque a medio plazo.
- Cuide también el sueño, el ánimo y la vida social, y prepare cada consulta con un diario sencillo.
Preguntas frecuentes
Es frecuente, pero no debe considerarse «normal» sin más. La causa más habitual a partir de los 60 años es la artrosis, aunque también pueden intervenir quistes, bursitis, gota o lesiones del menisco. Conviene que un profesional identifique la causa al menos una vez para saber cómo cuidar la rodilla.
En la fase aguda, con la rodilla caliente e hinchada, el frío es lo recomendable: 15 a 20 minutos, dos o tres veces al día durante las primeras 72 horas, siempre con un paño entre el hielo y la piel. El calor puede ayudar más tarde con la rigidez crónica, pero no cuando hay inflamación.
En general, sí: caminar distancias cortas y con calzado estable ayuda a mantener el músculo y la articulación. Reduzca el esfuerzo, no la actividad, y pare si el dolor aumenta de forma marcada. Si no puede apoyar el pie, consulte el mismo día.
Si la rodilla está roja, caliente y con fiebre; si hay imposibilidad de apoyar; si apareció tras una caída o un golpe, sobre todo si toma anticoagulantes; o si la pantorrilla está hinchada, dura y dolorosa. Ante cualquier duda, llame a su centro de salud.
Sí. Fortalecer los músculos, mejorar el equilibrio y adaptar las actividades es uno de los pilares del abordaje de la artrosis. Un fisioterapeuta diseña un programa progresivo y le enseña ejercicios para hacer en casa con regularidad.
No. Los juegos de memoria no tratan la rodilla ni sustituyen la atención médica o la fisioterapia. Sirven para estimular la mente y compartir momentos agradables mientras la persona se mueve menos, lo cual favorece el bienestar general.
Mantenga el cuerpo y la mente activos, a su ritmo
Descubra EDITH, nuestros juegos de memoria para mayores, y las formaciones DYNSEO para acompañar el día a día con seguridad.
¿Te ha ayudado este contenido? Apoya a DYNSEO 💙
Somos un pequeño equipo de 14 personas con sede en París. Desde hace 13 años, creamos contenido gratuito para ayudar a familias, logopedas, residencias de ancianos y profesionales del cuidado.
Tus opiniones son nuestra única forma de saber si este trabajo te es útil. Una reseña en Google nos ayuda a llegar a otras familias, cuidadores y terapeutas que lo necesitan.
Un solo gesto, 30 segundos: déjanos una reseña en Google ⭐⭐⭐⭐⭐. No cuesta nada, y lo cambia todo para nosotros.
